En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas Los candianos, al retirarse, habÃan incendiado las casas, creyendo impedir asà el avance de los rebeldes, pero aquella táctica habÃa fracasado, porque, mientras parte de la población apagaba el fuego, la otra se lanzaba valientemente por en medio del humo y de las llamas estrechando a los mercenarios y abrazándoles con las espingardas sacadas de las murallas y los baluartes, con las carabinas, los fusiles, a trabucazos y a pedradas.
De repente el maharajá, que veÃa a sus candianos replegarse precipitadamente en la plaza, se detuvo delante de su primer ministro preguntándole:
—¿Llegarán a tiempo las tropas que hemos mandado llamar? Si tienes en algo la vida y no quieres acabar como tu antecesor, habla sin vacilar.
—Alteza, lo dudo. Los pescadores de perlas deben haber desembarcado ya y sé que son muchÃsimos, miles y miles.
—Entonces, todo terminó para mà —dijo el tirano, rechinando los dientes.
—Aún os queda la flota y tenéis más de cuatro mil candianos esparcidos por el reino. Con semejante fuerza se puede disputar largamente la victoria y lograr tal vez dominar a los rebeldes.
—Si me quedo aquÃ, me cogerán.
—Quisiera daros un consejo, si me lo permitierais.