En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas Los candianos, asustados por aquel asalto, que ninguna fuerza humana era capaz de contener, huyeron en todas direcciones, abandonando las demás barricadas, que al momento ocupaban los rebeldes. Juan Baret hizo dar vuelta a las espingardas, gritando:
—¡Matad los elefantes! ¡Ya nos entenderemos luego con los candianos!
Catorce bocas de fuego, que antes defendÃan las barricadas, tronaron contra los colosos, que recorrÃan la plaza en desenfrenada carrera, recibiendo en sus cuerpos balas de dos y tres libras, que les rompÃan costillas y cráneos.
Bastaron cinco minutos para que todos cayesen, muertos o moribundos.
Los candianos, viendo a los elefantes cesar en la persecución y morir entre convulsiones sobre las losas de la plaza, recobraron ánimo, intentando cerrar el paso a los rebeldes, ahora ya triunfantes.
Delante del palacio del maharajá empeñóse el último combate. Juan Baret con sus batallones se lanzó a la carga, rompió las lÃneas de los mercenarios y llegó al portal del palacio que los criados no habÃan tenido tiempo de cerrar.