En El Mar de las Perlas
En El Mar de las Perlas —SÃ, fijos allá arriba —respondió el segundo, con maliciosa sonrisa—. Otros dos ojos eran los que mirabas; dos verdaderas estrellas, patrón.
—Calla, Durga; ya sabes que hay sangre entre esa joven y yo.
—Y también un prÃncipe puede convertirse en un peligroso rival.
—Pero al cual puedo suprimir —dijo Amali, con acento sombrÃo.
—Antes debiste hacerlo, cuando le tenÃas bajo tu cimitarra.
—Me pareció que cometerÃa un asesinato.
—Eres demasiado generoso, patrón. El maharajá y también el prÃncipe no hubieran vacilado en ultimarte sà hubieras caÃdo en manos de uno o de otro. Pienso también que al poner el pie en la tierra de tu enemigo cometes una gran imprudencia. ¡Fiar en el maharajá! ¡Hum! Puede costarte caro.
—Iré a él, alta la frente, con, la amenaza en los labios —respondió Amali con tono resuelto—. No se atreverá porque la vida de Mysora responde de la nuestra.
—¿Estás seguro de que el maharajá quiere a su hermana?