En las montanas de Africa
En las montanas de Africa CAPITULO VII
—¿Quién vive?
—El Rayo del Atlas.
—Pasa; te esperan.
Un soldado habÃa aparecido tras una muralla del bled y habiase adelantado hacia la joven.
—¿Eres tú, hermosa niña? —dijo el espahi, acercándose al camello—. Pon tus piececitos sobre mis manos para que te ayude a descender.
—No es necesario—respondió Afza. Y lanzando un leve grito gutural, hizo inclinarse al mahari, qué dócilmente se arrodilló. Alza saltó a tierra con la ligereza de una gacela, antes de que el centinela hubiese tenido tiempo de alargar la mano.
—¿Y tu padre? — preguntó el espahi.
—Se ha quedado en la llanura— contestó la joven, con voz seca.
—¿Quieres que conduzca tu mahari bajo un cobertizo?
—No; mientras su dueña no vuelva, no abandonará este lugar. Es inútil atarlo.
—Los camellos son más dóciles que los caballos.
—Es verdad. Afza arregló rápidamente sus vestiduras y preguntó temblorosa;
—¿El subteniente...?
