En las montanas de Africa
En las montanas de Africa CAPĂŤTULO VIII
Mientras Afza celebraba su entrevista con el subteniente, el conde y el toscano, advertidos ya por Ribot de la proximidad de Hassi-el-Biac con sus maharis, limaban furiosamente los eslabones de sus cadenas. El huracán arreciaba, cubriendo el leve rumor producido por las limas. Resonaba el trueno e iluminaban, de cuando en cuando, la celda deslumbradores relámpagos que permitĂan a los prisioneros darse cuenta de su trabajo.
—¿QuĂ© diablos han puesto dentro de estas cadenas? —decĂa el toscano, sudando copiosamente.
—Se ve que no las fabrican con manteca —respondĂa el conde, a la vez que limaba con rabia los eslabones.
—¿Has adelantado, camarada?
—La dé los pies está ya rota.
—La mĂa todavĂa no. Pero tĂş eres mucho más fuerte que yo y además tienes en las venas el fuego sagrado del Rayo del Atlas, mientras yo no tengo más que las fiebres que me devoran. Son unas tercianas que no me quieren abandonar de ninguna manera.
—Ya las dejarás entre los bosques del Atlas. Allà te curarás completamente, amigo.
—No estamos aún en la montaña.
—Hassi y Afza nos esperan.
—¡Bajo esta lluvia! ¡Al aire libre!
