En las montanas de Africa
En las montanas de Africa Como hablamos dicho, los siete maharis de Hassi-el-Biac se habian lanzado a la carrera desenfrenada, pasando rápidos como visiones sobre cenagosas charcas y sobre las largas filas de escombros amontonados por la tempestad. El moro guiaba la carrera, seguido de cerca por Afza y por el conde. El toscano y Aru cerraban la marcha. A pesar de que los dos europeos no estuvieran habituados a aquel galopar, que acaba por derrengar a los que por vez primera montan sobre aquellos extraños animales, se sostenÃan bastante bien en la silla, agarrándose con fuerza a la alta perilla. El toscano, no obstante, refunfuñaba entre dientes y se preguntaba cuánto habrÃa de durar aquella carrera diabólica que le revolvÃa las tripas y que hacia que su cabeza vacilase como si todo girase a su alrededor.
—Si se encontrase aquà mi pobre padre, estoy seguro de que se verÃa atacado por el mareo, él que era uno de los lobos de mar más valientes del Mediterráneo.