En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —He aqui lo ordenado, subteniente—dijo el sargento, no sin alguna emocion.
—Muy bien—respondio el comandante, encendiendo el cigarrillo.
Aspiro dos a tres bocanadas de humo, que lanzo en todas direcciones, y luego dijo, aparentando la mas completa indiferencia:
—¿Quien es el numero uno?
—Miguel Cernaze.
—Entonces podremos ver como trabajan sus tierras y construyen sus trincheras los magnates hungaros, los cuales, segun clicen, son muy habiles.
Un murmullo hostil acogio las palabras del subteniente que, lleno de furor y rabia, exclamo:
—¡Voto al diablo! ¿Quien osa murmurar en mi presencia? ¿Acaso ignorais, asnos, que hasta el regreso del capitan, yo mando en el bled? ¡Ira de Dios! Voy a mandar informes a Constantino y Argel para, que os hagan comparecer ante el Consejo de Guerra y fusilar coma conejos! ¿Comprendeis, bandidos, asquerosos? Tendreis que haberoslas conmigo si no os resignais a obedecerme en todo y por todo. iAdelante el numero uno!
El noble hungaro salio de las filas con paso grave y mesurado. En sus ojos negrisimos brillaba, sin embargo, ardiente llama impregnada de amenazas.