En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —No seria de extrañar, pues estamos ya muy lejos del aduar y de los cazadores del bled — respondió el moro.
—¿No podemos seguir otro camino?
—El paso que conduce a aquellas alturas es éste. A nuestra derecha esta el agua y a la izquierda matorrales espinosos que estropearÃan las patas de los maharis.
—Henos aquà entre dos escollos—dijo el hijo del difunto capitán que, de vez en cuando, se jactaba de saber algo de mar, aunque luego confesara haber sido siempre un asno en esa materia.
El conde cogió su largo fusil y lo cargó resueltamente, diciendo:
—León o pantera, tenemos que pasar de todos modos. No nos dejemos sorprender por los espahis en esta llanura falta de todo refugio. Por lo menos allá, entre los bosques de las colinas y dentro de los barrancos, podremos tener lejos, si no a los hombres, a los caballos. Preparad todas las armas de fuego.
El toscano, Afza y Aru se apresuraron a obedecer. Hassi se detuvo un momento para ver si los animales se dejaban distinguir mucho; después se colocó delante de los maharis, haciéndoles marchar casi al borde del barranco para mantenerlos lo más lejos posible del peligro.