En las montanas de Africa
En las montanas de Africa CAPITULO X
Ante ellos alzábanse, envueltas por la niebla, colinas contra las cuales habiase detenido la inundación. No eran las primeras montañas de la gran cadena de Atlas, muy distante todavía. No se trataba más que de un grupo de montículos de unos seiscientos metros de altura, sobre cuyos flancos robustas encinas y gigantescos alcornoques hundían profundamente sus raíces en la tierra.
Hassi, el conde y Afza conocían aquellos lugares, en los que mataron a los dos leones que se guarecían en un profundo barranco. Miguel Cernazé experimentaba vivísimo placer viéndose de nuevo en las alturas sobre las cuales conquistara el amor del Rayo del Atlas entre los poderosos rugidos del rey de las selvas africanas.
No oyendo Hassi rumor alguno en lontananza que le anunciara la llegada de los temidos espahis, concedió a los maharis un breve reposo, después del cual les hizo subir la pendiente, bordeada de sicómoros, encinas y alcornoques.
Aunque no estuviesen acostumbrados a ascensiones semejantes sobre terrenos herbosos y resbaladizos, alcanzaron la cima de la primera colina y descendieron a través del valle que la separaba de otra menos elevada, en el fondo de la cual se hallaba el barranco cubierto de altísimos matorrales.
