En las montanas de Africa
En las montanas de Africa Miguel Cernaze de los condes de Sawa, con un gesto soberbio de desafio, le dijo:
—Yo soy el culpable; podeis arrestarme, que no os opondre resistencla.
—¡Llevaos a estos dos bandidos! —rugio furioso, mientras contenia la sangre que a borbotones salia de sus narices, con un paño que le dieron —. iHierros en las manos y en los pies y al calabozo de castigo hasta que vuelva el capitan! iCanallas! iQuiero fusilaros como perros!
Los espahis precipitaronse sobre el maglar y su compafiero y les ataron fuertemente. El irascible subteniente continuaba gritando como un endemoniado;
—¡Cargadles de cadenas! iQue no coman mas que pan y agua! iRibot, eres responsable de mis Ordenes! iConsejo do guerra !¡ Fusilamiento!
—¡Y a ti la nariz aplastada para siempre! —dijo el toscano iYa era tiempo de poner termino a tus maldades, antropofago!
Los dos legionarios fueron conducidos hacia el edificlo, mientras sus compañeros emprendian de nuevo, blasfemando, su furiosa carrera en torno del bled.