En las montanas de Africa
En las montanas de Africa CAPITULO XV
—¡Ribot!
—¡Subteniente!
—¿Nada de nuevo?
—TodavÃa no.
—¿No han pillado aún a esa bruja?
—No subteniente.
—¿Qué hace Bassot, pues? Sin embargo, le he prometido dos mil francos si la conduce a mi presencia.
—Ayer por la noche regresó con, todos sus espahis a pie, porque los pocos caballos que tenÃan estaban extenuados y los demás hablan muerto, después de una carrera desastrosa.
—¿Detrás de quién? ¿Del Rayo del Atlas?
—No subteniente —respondió el sargento—. Habianse lanzado a la persecución de un tuareg sospechoso que montaba un camello, corredor de primera fuerza.
—Les he dicho que se ocuparan solamente de los fugitivos.
—Bassot concibió la sospecha de que aquel camellero era un compañero del moro, su criado o algún amigo, y quiso capturarlo para saber dónde se hablan refugiado el húngaro y su hermosa.
—¡Ah, canalla de conde!
