En las montanas de Africa
En las montanas de Africa CAPĂŤTULO XVI
Cinco minutos despuĂ©s, los tres legionarios y los moros sentábanse en torno a algunas provisiones y un jarro de agua fresca que el infatigable toscano fuera a buscar a la fuente, Aun comiendo, hablaban, contándose sus aventuras. Para todos fuĂ© una verdadera sorpresa, al saber, por boca de Ribot, que el subteniente no habia muerto y que se proponĂa ponerse al frente de los espahis.
Alza pĂşsose en pie, exclamando:
—¡No le he matado!
—No, Rayo del Atlas —respondió el sargento
—Sin embargo, mi mano no tembló en aquel instante.
—El subteniente es robusto como un toro. Hubiera sido necesario el brazo del conde y no el tuyo para enviarle al otro mundo.
—¿Y mejora? — pregunta el magnate.
—Con una rapidez que hasta al médico admira.
—¿Y ha jurado prendernos?
—Dentro de dos semanas lo tendréis a la zaga, y no os dejará tranquilos aunque vayáis a refugiaros al gran desierto. Es muy tozudo ese hombre. Además está locamente enamorado de Rayo del Atlas, y la quiere a toda costa.
