En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —¡Por Belcebú! —exclamó, levantándose de un brirIco y lanzándose fuera de la tienda—. Se duerme bien en las llanuras argelinas. ¡Son ya las cuatro! Subió a las ruinas de la cuba y miró a lontananza. No se vela a nadie. Un gran silencio reinaba sobre la inmensa planicie.
—Los espahis estarán todavÃa muy lejos—murmuró—, y si Ribot los conduce quién sabe dónde, acabarán por desistir de su empeño. ¿Pero qué peste hay por estos lugares? Diriase que en los alrededores ha habido alguna matanza... ¡Ah!, nuestros maharis que se .pudren. Ese montón de carne putrefacta puede constituir, para nosotros un grave peligro.
Entró de nuevo en la tienda y despertó a los compañeros. El conde parecÃa hallarse algo mejor después de aquel largo reposo, pero la fiebre ne le habÃa abandonado.
—Señores mÃos—dijo el leguleyo, con su acostumbrada gravedad. Nos hemos ahorrado el almuerzo por haber dormido como lirones. Por lo tanto, espero que Aru nos preparará doble cena. ¡Qué lástima no tener un buen asado!
—La carne es rara en la llanura baja—respondió Hassi—. Ten paciencia hasta que lleguemos al Atlas, Allà no te lamentarás de la escasez de los asados.