En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —No me importan absolutamente nada.
—Ve a descansar, amigo— dijo El-Madar —. Mañana partiremos muy tarde a fin de dejar a tus amigos tiempo para reponerse y hacer sus preparativos de marcha. ¿Tienen algún bagaje?
—Un poco de vestuario y armas.
—Buenas noches, marabuto.
Y se dirigió hacia otra tienda, ante la cual un hombre parecÃa aguardarle.
—Son ellos — le dijo —. Estoy seguro de que no me engaño.
—Yo también lo habÃa sospechado—contestó el otro.
—¿Cuánto ha prometido el subteniente?
—Cien cequies por la captura de los dos blancos y doscientos por la muchacha.
—En el momento oportuno los pescaremos. ¡Por Alá! Los negocios son los negocios y yo soy capaz de reÃrme hasta de los senussis. En lugar de ir a vender mis mercancÃas a los cabileños, volveré hacia el norte y las cederé a buen precio a los habitantes de los aduares de la llanura. Los trescientos cequies me compensarán largamente del tiempo perdido.
—Eres muy astuto, jefe.
—Soy un negociante que quiere hacer prosperar sus negocios. Alá me los ha enviado y serÃa un verdadero imbécil si no aprovechase la ocasión.