En las montanas de Africa
En las montanas de Africa CAPÍTULO XIX
Al siguiente día, hacia las cuatro de la tarde, pusose de nuevo en marcha la caravana. Hassi-el-Biac pudo conseguir tres camellos corredores, sobre los que hizo cargar sus preciosos cofres y una considerable provisión de pólvora y balas, y dos caballos que había destinado al conde, demasiado débil todavía, y a Afza, que no estaba acostumbrada a marchas muy largas.
Aquellos cofres, tan pesados y sólidos, no dejaron de llamar la atencion del jefe de la caravana, quien se aproximó en seguida a ellos, sospechando que contuviesen oro.
Afortunadamente el toscano vigilaba y apenas advirtió la curiosidad de El-Madar, le dijo con energía:
—Ordena a tus hombres que no toquen estos cofres. Así se evitará el peligro de que toda la caravana salte por los aires.
—¿Qué hay, pues, aquí dentro? — preguntó el beduino.
—Bombas para los cabileños. Ya sabes que esos bravos guerreros piensan sublevarse de nuevo.
—No sé nada, porque no me ocupo ni que de mi comercio. ¿Son muy peligrosas las bombas?
