En las montanas de Africa
En las montanas de Africa CAPÍTULO XX
La última noche que los fugitivos debían pasar, después de tantas peripecias, en la interminable llanura argelina, no prometía ser muy buena. Acababan de dar la vuelta Enrique y Aru en torno al pequeño campamento para asegurarse de que ningún beduino habia abandonado su lugar, cuando empezaron a caer las primeras gotas.
En el Atlas sucedianse truenos y relámpagos, casi sin interrupción, ofreciendo un espectáculo sublime por lo terrible.
—He aqui una noche muy a propósito para una sorpresa dijo Enrique a Aru —. ¿Crees tu que los beduinos se hallarán en este momento bajo sus tiendas?
—Los fuegos continúan encendidos en el lecho del río—respondió el viejo negro.
—¡Qué Importa! No logro tranquilizarme. En mi vida me ha ocurrido una cosa semejante— exclamó el italiano —. Si tuviéramos pólvora en abundancia, haría explotar otra bomba para acabar de asustar a esos bandidos. ¿Sabes lo que tenemos que hacer, Aru?
—Di, señor.
—Ir a espiar a los beduinos, Quisiera tener la seguridad de que duermen.
—Demos, antes de alejarnos, otra vuelta alrededor del campo.
