En las montanas de Africa
En las montanas de Africa CAPĂŤTULO XXII
—¡Villano!
—¿A mi villano?
—¡Beduino marrano!
—¡Esto es demasiado!
—Has faltado a la hospitalidad del desierto, ¡hijo de una perra rabiosa!
—Si no callas, frangi te juro que te va a escocer.
—Me rĂo de tus amenazas, turco.
—¿Turco, dices? -
—¡Cabeza de turco!
— ¡Basta, kafir !
—¡No, comemarranos!
—¿Te atreves a decir que como cerdo? ÂżCuándo lo has visto? Esa bestia repugnante es sĂłlo buena para los rumĂ.
—Lo comes a escondidas.
—¿Quién te lo ha dicho?
—Ya se sabe que todos los beduinos lo comen.
—¡Cállate!
— ¡Y que comen serpientes!
—¡Basta!
—¡Y lagartos y gusanos.
Una sonora carcajada, acogiĂł las Ăşltimas palabras..
