En las montanas de Africa
En las montanas de Africa Una noche entré, por mi desgracia, en una casa de juego donde se bebÃa mucho champaña, habÃa mujeres bastante bonitas y se apostaban grandes cantidades. Cuando me despertaron al siguiente dÃa, a las dos de la tarde, con la cabeza muy pesada todavÃa por la excesiva cantidad de vino bebido, no estaba ya en el puerto él brik. Habla perdido en el tapete verde, desde el áncora hasta los mástiles, y el siroco llevóselo al infierno.
—¡La historia de todos los dÃas! —suspiró el conde —; también yo he devorado en Montecarlo mi castillo, mis caballos, praderas y bosques.
—Asà fué como perdà la nave, mi titulo de abogado, las ganas de trabajar y me alisté en la Legión. Somos verdaderos náufragos de la vida.
—Merecido lo tenemos — afirmó el conde, apretándose la cabeza entre las manos, con desesperado ademán.
En la obscura celda reinó un instante el silencio, que interrumpió un rugido escapado de los labios contraÃdos del húngaro.
—¡Maldito juego que ha hecho de un magnate magiar un miserable soldado de aventuras! ¡Ojalá hubiera muerto en Méjico!