En las montanas de Africa
En las montanas de Africa Menudeaban los latigazos sobre los pobres animales, que hacÃan esfuerzos desesperados para arrastrar el pesado vehÃculo con la mayor velocidad posible. El subteniente intentaba evitar el combate, pero los cabileños iban ganando cada vez más terreno y no tardarÃan en alcanzar la diligencia. De cuando en cuando, volviase el subteniente hacia Bassot, preguntándole con voz en la que adivinaba una gran inquietud:
—¿Creéis que están resueltos a atacarnos, sargento?
—AsÃ, parece— respondió Bassot, que también estaba muy preocupado.
—¿Qué quieren, pues, esos bribones?
—Acabar con nosotros, según parece.
—¿Estás seguro de tus soldados?
—Me obedecen ciegamente. Cuando lo ordenéis, nos lanzaremos a la carga.
—No te apresures; más vale que sean ellos los que disparen el primer tiro.
—Lo han disparado ya, subteniente, porque Ribot y sus hombres no han vuelto. Además, el refrán dice. que el que pega primero, pega dos veces.
—Quizá te engañes. Creo preferible esperar.
Entretanto, la diligencia continuaba su veloz carrera. Los cabileños estaban ya muy cerca y se lanzaban al ataque.