En las montanas de Africa
En las montanas de Africa —¡Bassot! — gritó el subteniente, desenvainando el sable —Van á caer sobre nosotros.
—En efecto—respondió el sargento.
—¿Quieres intentar un contraataque?
—Sin duda.
—Mientras, nosotros procuraremos abrirnos paso. Ponlos en fuga, o desordénalos y vuelve cuanto antes.
—SÃ, subteniente —respondió el sargento, que era hombre de valor y que ya habÃa luchado otras veces contra las cabilas del Atlas.
Miró a sus hombres.
Todos estaban tranquillsimos cual si creyeran seguro su triunfo
—¡Dejad los fusiles! — gritó Bassot—. ¡Empuflad los sables y lás pistolas! ¡Adelante, espahis! ¡Viva Francia!
Los diez y ocho jinetes aflojaron las riendas y partieron veloces contra los enemigos, que amenazaban rodearlos: Los dos pelotones precipátabanse una contra otro con salvaje furor. Bassot mandaba hábilmente sus espahis. Ya se hallaban éstos a treinta metros de distancia de los cabileños, cuando, entre el confuso vocerÃo y el relinchar de los caballos oyóse una voz tonante qúe gritaba:
— ¡ Fuego!