Flor de las Perlas
Flor de las Perlas La joven creyó que aquella pipa era una yeu-tsciang, o sea una pipa de opio, muy semejante a las usadas por sus compatriotas, y asaltó de improviso su cerebro un nuevo proyecto que debÃa de tener un éxito inesperado hasta para ella misma.
—¡Ah! ¿Fumas opio como mis compatriotas? —dijo a Pandaras, que parecÃa avergonzado de haber sido sorprendido por su novia.
—SÃ; pero sólo de vez en cuando. Sé que es un vicio que embrutece, y que hace desfallecer a los más vigorosos. ¿Te desagrada?
—No: en mi paÃs, casi todos lo fuman; por eso no me ha sorprendido.
—Verdad que los chinos consumen mucho, el opio que fumo fue cogido en un junco que lo transportaba a Cantón.
—¿Tienes gran provisión a bordo?
—Una bala de veinte onzas, pero de primera calidad; legÃtimo patna.
—Entonces podrás dar un poco a mis amigos, tendrán una dicha en poder fumar opio.
—Si tienes gusto en ello, les daré y pondré a su disposición algunas pipas mÃas.
—Eres muy amable, Pandaras —dijo ella con admirable sonrisa.
—Nada puedo rehusar a la hermosa que dentro de dos semanas será mi mujer.