Flor de las Perlas
Flor de las Perlas Apagaron los tizones para que el humo no les hiciera traición, despertaron a Sheu-Kin y se escondieron en medio del cañaveral, poniendo ante ellos las carabinas y sables. El sol apareció bruscamente, pues el alba es brevísima en las regiones ecuatoriales, espantando las tinieblas y haciendo brillar el agua de la gran laguna. Todas las aves que anidaban en los islotes alzaron el vuelo, lanzando alegres gritos; bandadas de ánades silvestres, de magnifico plumaje azul con reflejos metálicos, revoloteaban o flor de agua en busca de peces, sumergiéndose acá y allá a despecho de los cocodrilos, cuyas mandíbulas se veían aparecer por todas partes; y los vencejos, de atrevido vuelo, producían una tempestad de gritos ensordecedores.
Por el agua circulaban y combatían rabiosamente cocodrilos en legión, de arrugados dorsos y vientres amarillentos. Los había de todos tamaños, desde los que medían siete metros hasta algunos no más grandes que un lagarto de los mayores, y todos cubiertos de fango. Algunos carecían de cola, y eran los más peligrosos, por lo batalladores y audaces.