Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —Hong —interrumpió la joven con cierto reproche—. ¡Than-Kiu es sincera y leal!
—¡Perdóname, Flor de las Perlas! ¡Te amo tanto, que tengo miedo de todo, y me estremezco ante la sola idea de que me concedas tu mano por agradecimiento o por vengarte de Romero!
—¡No! Te amo, eres valiente y creo que me harás feliz.
—¡Oh, sÃ! Cuando hayas pagado tu deuda con Romero y le hayamos salvado, te llevaré a nuestro paÃs, a orillas del rÃo Amarillo, que tantas veces has recordado con nostalgia, y en tu casita de techo azul y paredes pintadas, a la sombra de la gran cúpula de piel de lagarto bajo la cual duerme eterno sueño el héroe de los mongoles, tu intrépido hermano, viviremos dichosos. AllÃ, besada por las auras patrias, lejos de los lugares en que has conocido y amado a Romero, concluirás por creer que todo ha sido una pesadilla, y tornarás a vivir venturosa y alegre.
—SÃ, Hong; en el paÃs del Sol lo olvidaré todo, para amar únicamente al hombre que me ha devuelto la vida y la tranquilidad.
—¡Ah, Than-Kiu! ¡Vas a matarme de gozo!
—¡Más te vale vivir! —dijo la joven con adorable sonrisa.
—¡SÃ, sÃ; para hacer feliz a Than-Kiu, la más valiente y hermosa doncella del Celeste Imperio!