Flor de las Perlas
Flor de las Perlas Unos cuarenta hombres, treinta mujeres y dos docenas de chiquillos formaban la población bajo el mando de un anciano de barba y cabellos blancos, de baja estatura como sus súbditos, y que llevaba por único distintivo un collar de conchas blancas y dientes de pantera. Debía de haber sido el más intrépido de todos, pues su cuerpo estaba lleno de cicatrices de heridas hechas con bolos y kampilangs.
Apenas llegaron los extranjeros acudió solícito a su encuentro, y al ver a Than-Kiu la cogió de la mano y la condujo cerca del fuego, diciendo en malayo:
—Te ofrezco mi puesto, bella extranjera. Por esta noche tú serás la que mandes en mi tribu.
Hizo sentarse a los chinos y al malayo junto a ella, y les ofreció pan de sagú, tubérculos comestibles llamados carnode, plátanos y un buen trozo de gato montés recién asado, rogándoles que honrasen sus provisiones y lamentando no poder ofrecer nada mejor, porque la proximidad de los enemigos impidió a sus cazadores explorar la selva.