Flor de las Perlas
Flor de las Perlas El joven desapareció sin hacer ruido, internándose en la selva que se extendÃa detrás de la caverna, y Tiguma se apresuró a informar a sus amigos de lo que dijo Vindhit.
—¡Cien hombres! —exclamó Hong—. Son demasiados para nosotros.
—¿Qué hacer? —dijo la joven, que se habÃa estremecido al conocer los propósitos de los cazadores de cabezas—. ¿Nos salvaremos? ¡Ah! ¡Qué mi misión tenga que terminar aquÃ! ¡Hong, tengo miedo!
—¿Tienes miedo por él? —murmuró el chino a su oÃdo.
La joven negó con la cabeza.
—¡SÃ, Than-Kiu; sÃ, Flor de las Perlas: tienes miedo de no poder salvar a Romero!
—¡No! —afirmó ella con voz entera—. ¡Te juro que no, Hong!
—¡Gracias; gracias, amada mÃa! —repuso él exhalando un suspiro de alivio. Luego gritó con voz tonante—: ¡Vamos a dar la batalla y a salvar a Flor de las Perlas! ¡Sheu-Kin, Pram-Li, Tiguma, seguidnos!
—¿Adonde pretendes ir, Hong mÃo?
—¡A forzar el paso del rÃo!
—¿Y si te matan?
—¿Qué importa? ¡Moriré ante tu vista, y…!