Flor de las Perlas
Flor de las Perlas —SÃgueme. Deseo que mi futuro esposo escuche nuestro coloquio. Para ti no debo tener secretos, ni permitir que te asalte la más mÃnima duda respecto a mi conducta. Pero no te dejarás ver de él hasta que yo te llame.
—¡Vamos, Than-Kiu, y sé fuerte!
—Lo seré, no lo dudes. ¡El corazón de Flor de las Perlas es tuyo!
—¡Vamos!
Guiados por un indÃgena se internaron en la selva, y siguiendo un sendero por el cual los precedÃan ya Sheu-Kin y Pram-Li, a quienes seguÃa el otro igorrote, llegaron a un matorral junto a una plazoleta.
—¡Ya llega! —dijo el malayo—. No se halla a más distancia de un tiro de fusil.
—¿Viene solo?
—SÃ, y trae consigo un cuarto de babirusa.
—¿Le hallaremos siguiendo este sendero?
—SÃ, Than-Kiu.
—¡Gracias, amigos!
La joven continuó su camino al lado de Hong, que no separaba la mirada de su rostro, espiando sus impresiones ávidamente y tratando de leer sus más recónditos pensamientos. Pero Than-Kiu parecÃa tranquila y sonriente, y sus ojos negros, sombreados por aterciopeladas pestañas, lanzaban de vez en cuando sombrÃos relámpagos.