Jose el peruano
Jose el peruano —Pronto te lo explicaré—dijo José—; me guardaré bien de aporrear a Lindsay: haré lo más que pueda porque se mantenga en salud: quiero llevarlo con nosotros al Alligator para que dé testimonio de la travesÃa... Además, la condición principal de la apuesta, es que debemos estar allà los tres el dÃa cinco de enero próximo, antes de medianoche...Â
—Es verdad... no pensaba en ello... pero Lindsay será para nosotros un pésimo guÃa, iquién sabe dónde nos conducirá!Â
—¡Entonces le romperé el cráneo!—exclamó José, ¡deja que caiga en mis manos!...Â
El diálogo fué interrumpido por un leve movimiento de la hierba a poca distancia de ellos.Â
José saltó poniéndose en pie apuntando el fusil: algo se movÃa entre la maleza. Con esperanza de proveer al sustento que su estómago reclamaba imperialmente, el andarÃn hizo fuego y se lanzó en aquella dirección, buscó entre las zarzas y se apoderó del animal más extraño que habÃa visto.Â
También Fernández, que se habla acercado, miraba la rara pieza cazada por su compañero.Â
—Me he equivocado, al decir hace poco que esta región no era apropiada para hacer bromas—dijo el coloso examinando con creciente interés el animal muerto por él—. La naturaleza se ha burlado al crear este ser.Â