Jose el peruano
Jose el peruano —Kornalden estaba de acuerdo con él para suprimirnos—dijo José.
—Entonces no basta que Kornalden pague la apuesta... debe responder también de su mandato criminal—añadió Fernández.Â
—Ciertamente—observó Lindsay —. Yo rechazo su amistad.Â
—Nos hace falta una prueba de su delito—dijo Fernández.Â
—Esta nos la dará Mernal—dijo José.Â
Y el gigante levantó a Mernal como una pluma llevándolo hacia proa.Â
—Oyes, Mernal—dijo Lindsay —. Tú mereces la muerte porque has intentado tantas veces hacernos sucumbir. Tú has urdido con Kornalden y Mulga el más atroz de los complots para vengarte de José y por el ansia de lucro. Ahora bien, nosotros te salvaremos la vida si nos demuestras que Kornalden es culpable.Â
Pasó por los ojos de Mernal un relámpago de alegrÃa.
Hasta ahora habÃa tenido la certeza de que los tres exploradores se vengarÃan haciendo justicia sumaria.Â
El pensar que salvarÃa su vida le hizo recuperar la palabra.Â
—Si me prometéis salvarme la vida, escribiré la declaración que me pedis—dijo Mernal.Â
—Suéltalo—dijo Lindsay.Â