La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —¡Nuestra flota! —dijo con voz amarga—. ¿Qué creéis que puede hacer contra los grandes cruceros acorazados del contraalmirante Dewey?… Uno sólo bastarÃa para destrozar las viejas naves del almirante Montojo, aunque fuera ayudado por las baterÃas de tierra. No hay más que una, entre las nuestras, que pueda resistir un poco, la «Reina Regente», e incluso este crucero de segunda clase no está protegido. Amigo mÃo, siento decÃroslo, pero si el contraalmirante americano se dirige hacia las Filipinas, a nuestros marineros no les quedará otra perspectiva que la de hacerse matar valientemente a bordo de sus viejas naves.
—¿Lo creéis as�
—Os está hablando un hombre de mar.
—Entonces las Filipinas están perdidas.
—Mucho me temo que sea asÃ, amigo, tanto más porque también allà los insurrectos no están del todo calmados. Bajo las cenizas hay todavÃa rescoldos encendidos y de un momento a otro pueden estallar con nueva violencia. ¿Qué pueden hacer nuestros compatriotas, atacados desde el mar por los americanos y en tierra por los rebeldes?
—Se decÃa que la insurrección habÃa sido extinguida.