La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —¡Rayos! —exclamó Córdoba, arrugando la frente—. ¿Quién te lo ha dicho?
—El capitán Pardo —respondió el cubano.
—¿Y la cañonera vendrá aqu�
—Os cortará el paso en la salida de la ensenada.
—¡Ah…! ¡Ya lo veremos…!
En aquel momento entró un marinero, diciendo:
—Señor teniente, tenemos la máxima presión.
—Da orden de izar las áncoras y que se descubran nuestro cañón de la torreta y las dos ametralladoras.
Después, volviéndose hacia Colón, continuó:
—Ven, viejo amigo; saldremos de la bahÃa, aunque debiéramos enfrentarnos con el «Iowa», que dicen que es el acorazado más grande de los Estados Unidos.
—¡Señor Córdoba!
—¿Qué quieres? —preguntó el lobo de mar, volviéndose hacia el cubano.
—¿Tengo vuestra palabra, verdad?
—¡El diablo te lleve! MerecerÃas la tortura en vez de la cuerda, bribón.
Dicho esto, salió con el maestro, dando un portazo.