La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan —¡Pobre hombre! —exclamó la marquesa, que habÃa escuchado atentamente—. ¿Sobrevivió?
—Él sÃ, y pudo volver a ver España, pero su compañero murió durante el viaje. De nuevo en la patria, se vio obligado a ir de pueblo en pueblo mostrándose como un salvaje y casi desnudo. Se dice que tenÃa una barba desmesurada y que su rostro habÃa adquirido un aspecto verdaderamente horroroso. Sin embargo, un dÃa, el emperador Carlos V, al saber la historia de aquel pobre Robinsón, quiso verlo, y para compensarle por las miserias sufridas, le concedió una pensión que debÃa serle pagada por el virrey de Panamá. Serrano volvió al mar, llegó a América, pero no pudo recibir ni un solo peso porque la muerte le sobrevino casi a las puertas de Panamá.’¡Después de tantos años de vida salvaje, la vuelta a la vida civil le habÃa sido fatal…!