La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan La chalupa se dirigÃa hacia la playa, comprendiendo perfectamente todos los que la ocupaban que no habrÃan tenido tiempo de salir del canal. Desembarcaron a poca distancia de la Sopaca y el teniente que los mandaba dijo a un oficial de artillerÃa, que se dirigÃa a su encuentro, intimándoles a la rendición:
—Señor, mi misión ha terminado; somos vuestros prisioneros.
Eran siete marineros de la flota americana y el octavo era el asistente naval P. Hobson.
—Pero están locos —dijo la marquesa, que desde el Morro habÃa asistido a toda la escena—. ¿Acaso pretendÃan tomar Santiago con sólo ocho personas? ¡Qué americanada!
—Os engañáis, doña Dolores —dijo Córdoba—. Los americanos han tenido otro objetivo al mandar aquel gran barco a hundirse en el canal.
—¿Y cuál es, Córdoba?
—El de obstruir el paso para impedir a las naves de Cervera salir al mar.
—¿Y tú crees que han logrado su objetivo?
—Digo que, por el contrario, han sacrificad^ inútilmente un bello navÃo.
—¿Y por qué? El canal está ahora interrumpido por esta gigantesca carcasa.