La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan Únicamente a la izquierda de Daiquiri, los españoles oprimidos por el número y amenazados por un movimiento envolvente de otras columnas americanas desembarcadas a doce kilómetros del pueblo, se habían visto obligados a ceder, retirándose hacia las faldas de Sierra Maestra.
Cuando la marquesa y su tripulación llegaron a las cercanías de Siboney, la batalla había cesado poco antes.
El pueblo, derruido por las bombas e incendiado, ardía todavía, expandiendo una tétrica luz sobre las aguas del mar y los bosques vecinos. Densas columnas de humo y nubes de chispas que el viento transportaba hacia las plantaciones, escapaban todavía de las ruinas y los muros agujereados de las pocas casas que todavía permanecían en pie.
Los cadáveres, que yacían por las callejuelas, acababan de consumirse en medio de las vigas en llamas caídas de los techos y esparcían alrededor un hedor acre de carne quemada.