La capitana del Yucatan
La capitana del Yucatan El fuerte del Morro entra entonces en acción, intentando proteger desesperadamente a la escuadra española. Sus cañones Krupp truenan sin descanso, apresuradamente, con un estruendo ensordecedor, lanzando repetidamente sus masas de acero, pero con poca fortuna, ya que la distancia aumenta cada vez más.
Los cuatro acorazados españoles, con el gran estandarte de España izado en el asta de popa, escapan a toda máquina para evitar el cerco de hierro que intenta encerrarlos. Sus cañones disparan en un crescendo espantoso. De las torres de la cubierta y de las bordas salen sin interrupción torrentes de proyectiles, mientras los comandantes, impávidos ante el estallido de las enormes granadas americanas, ordenan fríamente la maniobra.
Por todas partes surgen nuevas naves, por doquier nuevos adversarios. Delante, detrás, en los flancos, el enemigo, cuatro veces más poderoso y más numeroso acude a cercarlos y a enviarles tempestades de mensajeros de muerte. Pero ¿qué importa?
—¡Adelante siempre, por el honor de España!
En medio de aquel enorme estruendo, de aquel embrollo de barcos, de aquella confusión horrenda, el pequeño «Yucatán», guiado por la marquesa, se ha arrimado a la costa y huye desesperadamente, pero los dos contratorpederos, el «Furor» y el «Plutón» no lo siguen.