La ciudad del oro
La ciudad del oro —SÃ, y con mucha facilidad. Asà cazan monos y...
La frase de Velasco quedó cortada por otro potente maullido que sonó en plena selva.
—¡0tro yaguar! — exclamó.
—¡Diablo de fieras! —dijo Alfonso—.
Vámonos de aquÃ, doctor; esta selva está llena.
—¿Adónde vamos a ir?
—A buscar un refugio seguro; ya estoy harto de yaguares.
—Pues andando, Alfonso. No es fácil salir vivo por dos veces de las uñas de las fieras.