La ciudad del oro
La ciudad del oro CAPITULO XVII
Durante los dÃas siguientes, los viajeros continuaron internándose en el Orinoco, pasando sucesivarnipte ante la desembocadura del Toma, que si se sigue su corriente se va a Muaro, lugar donde los jesuitas tuvieron en un tiempo una Misión muy floreciente y por la del Treparro, ambos afluentes de la orilla izquierda.
Al quinto dÃa de dejar la cascada del Ature se encontraron ante la del Meipuri, llamada también de Quituma. También ésta es de poca altura y la forma una especie de archipiélago de islote y de peñas de aspecto majestuoso que se extiende más de una milla, formando como un dique al Ãmpetu de la corriente, especialmente la gran roca del Manimi.
El paso no es difÃcil, pero puede resultar peligroso a causa de las olas que se estrellan con fragor de mil truenos contra la negra escollera y los bancos de tierra. Una espesa niebla cubre toda la cascada, alzándose en forma de cúpula inmensa, en cuyos márgenes se ven arco iris espléndidos que cambian constantemente de matices y dimensiones.
