La Reina del Pacífico
La Reina del Pacífico -Sí, pero herido.
-¿Gravemente?
-No, señor; pero no puede tenerse en pie.
-Quedaos vosotros de guardia en la galería -gritó Morgan volviéndose a sus hombres.
Y, seguido de Carmaux y Wan Stiller, subió al piso superior del torreón.
El Corsario Negro, ayudado por Moko y Yara, se había puesto en pie. Viendo entrar a Morgan, le tendió la mano diciéndole:
¡Gracias, Morgan; pero no puedo menos de haceros un reproche: vuestro sitio no es éste!
-Es cierto, capitán- repuso el lugarteniente.
-Mi puesto es a bordo de El Rayo; pero la empresa reclamaba un hombre resuelto.
Espero que me perdonaréis esta imprudencia.
-Todo se perdona a los valientes.
-Entonces, partamos pronto, mi capitán.
-Dejadme a mí eso -dijo Carmaux-: Moko, que es el más fuerte, llevará al Capitán.
El negro había levantado ya con sus nervudos brazos al Corsario, cuando éste se acordó de Yara.
La joven india, acurrucada en un rincón, lloraba en silencio.
-Muchacha, ¿no nos sigues? -le preguntó.
