La Reina del Pacífico
La Reina del Pacífico Los marineros viendo a su capitán, prorrumpieron en un grito inmenso:
-¡Viva el Corsario Negro!
-¡A bordo, valientes! -gritó el señor de Ventimiglia-. ¡Voy a dar batalla a las dos fragatas!
-¡Pronto! ¡En Marcha! -ordenó el lugarteniente.
Cuatro hombres colocaron al Corsario sobre el colchón, y formando en torno suyo una barrera con sus mosquetes salieron a la calle precedidos y seguidos por los demás.
EL BRULOTE
Los veinte hombres que habían sido mandados para
desembarazar la calle de enemigos habían empeñado la lucha contra los habitantes de la ciudad y contra los soldados que habían buscado refugio en las casas.
Desde las ventanas partían arcabuzazos en buen número.
Con nutridas y bien dirigidas descargas habían obligado a los habitantes a retirarse de las ventanas, y enviado un destacamento de tiradores con orden de tener despejadas las calles laterales, a fin de impedir una sorpresa.
