La Reina del Pacífico
La Reina del Pacífico -Un centenar lo menos.
En aquel momento se oyeron hacia la bahía algunos cañonazos.
-¡Bueno! -exclamó Carmaux-. ¡Hasta las fragatas quieren tomar parte en la fiesta!
-¡Morgan! -gritó el señor de Ventimiglia viendo a su lugarteniente-, ¿qué ocurre en la bahía?
-Nada grave, señor -repuso aquél-. Son las fragatas que disparan contra la playa, creyendo acaso que tratamos de abordarlas.
-Tenemos la guarnición del fuerte sobre nosotros.
-Lo sé, señor; pero nos molestará poco. ¡Ohé! ¡Treinta hombres a retaguardia, y replegarse haciendo fuego!
-¡Y nosotros, adelante!
Mientras la retaguardia, reforzada por otros veinte hombres, detenía a los españoles en su carrera, la vanguardia, apresurando el paso; llegaba a la bahía, precipitadamente, frente al lugar ocupado por El Rayo.
La tripulación, ya preparada, había botado al agua algunas chalupas para recoger a los camaradas.
-¡Embarcad! -ordenó Morgan.
El Corsario Negro, colocado en una ballenera en unión de Yara, Carmaux y algunos otros heridos, fue rápida y cuidadosamente transportado a bordo.
