La Reina del Pacífico
La Reina del Pacífico Su propietario, ante la aparición de los filibusteros, la había hecho desocupar, pero a bordo había quedado aún una notable cantidad de troncos de árboles de Campeche, madera usada para fabricar cierto tinte muy preciado entonces.
-Estos leños nos servirán a las mil maravillas -había dicho Morgan cuando saltó a bordo de la carabela.
Llamó a Carmaux y al contramaestre, y les dio algunas órdenes, añadiendo:
-Sobre todo, hacedlo pronto y bien. La ilusión ha de ser completa.
-¡Dejadnos hacer! -había contestado Carmaux-. No faltarán ni los cañones.
Un momento después treinta hombres bajaban al puente de la carabela.
Ante todo, con troncos de campeche alzaron junto al timón una fuerte barricada para cubrir al piloto; luego, con otros aserrados convenientemente, improvisaron unos fantoches, que colocaron a lo largo de las bordas como hombres prontos a lanzarse al abordaje, y cañones que colocaron en el castillo de proa y en el casco.
