La Reina del Pacífico
La Reina del Pacífico -¡Mira al Corsario! ¿Lo ves cómo observa el mar?
-Le veo.
-Se diría que espera la aparición de sus hermanos.
-¡Calla, Carmaux! ¡Me has asustado!
-¿Has oído?
-¿El qué?
-Se diría que entre la arboladura de El Rayo revolotean las almas de los dos Corsarios. ¿Oyes? ¡Parece que alguien se queja!
-Es el viento que gime entre los cordajes de El Rayo.
-¿Y esos suspiros?
-Son las olas que rompen en los costados.
-¿Tú lo crees, hamburgués?
- Sí.
-Pues yo no.
En tanto, el señor de Ventimigla seguía con ansiedad creciente mirando al mar.
De tiempo en tiempo un doliente suspiro se escapaba de su pecho, y parecía como si sus ojos tratasen de discernir algo que se ocultaba tras la negra línea del horizonte.
-¡Señor! -dijo Morgan-. ¿Qué buscáis?
-¡No sé! -replicó el Corsario sordamente-. ¡Algo, sin embargo, va a aparecer!
