La Reina del PacÃfico
La Reina del PacÃfico -¡Oh! ¡Vive Dios que no! -exclamó el Corsario con acento feroz.
-Tendremos un magnÃfico botÃn, señor. Veracruz debe de encerrar riquezas extraordinarias.
-De allà zarpa la mayor parte de los galeones cargados de oro y plata -dijo el Corsario-. Sin embargo, a mà me bastarÃa la venganza, y os dejaré a vos y a mi tripulación la parte que me corresponde en el saqueo.
-Vos poseéis en Italia tierras y castillos bastantes para poder hacerlo -dijo Morgan sonriendo-. Vos y vuestros hermanos jamás habéis sido ladrones de mar como el Olonés, Miguel el Vasco, el Exterminador y tantos otros.
-Nosotros hemos venido a América para matar al Duque, no por sed de riquezas.
-Lo sé, capitán. ¿Tenéis alguna orden que darme?
-Continuad a lo largo de las costas de Nicaragua, y apenas señalado el cabo Gracias a Dios, cortad recto hacia la bahÃa de la Asunción, evitando, a ser posible, el golfo de Honduras. Prefiero que no nos vea ninguna nave española.
-Está bien, señor.
