La Reina del PacÃfico
La Reina del PacÃfico -¡En mi padre y en mis hermanos!
El Corsario Negro se dio una palmada en la frente.
-¡Ah, sÃ!... ¡Recuerdo!... -dijo-. Tú me dijiste un dÃa: "¿Me vengarás, señor?"
-Y vos me contestásteis: "¡Te vengare!"
-Asà te lo prometÃ.
-Esperaba encontraron en cualquier sitio del golfo de México, y esa esperanza me ha hecho vivir.
El Corsario Negro la miró con estupor.
-¿Me esperabas? -le preguntó. -SÃ, señor; y, como veis, mi esperanza no ha sido fallida.
-¿Me habÃas visto en alguna parte antes de mi desembarco en Puerto-Limón?
-No. Solamente habÃa oÃdo hablar mucho de vos en Maracaibo, en Veracruz y en Puerto-Limón, y no ignoraba el motivo de vuestras correrÃas por el golfo de México.
-¿Tú?
-SÃ, señor. SabÃa que no era la sed de oro, sino la venganza, lo que os habÃa obligado a venir a América desde lejanos paÃses.
-¿Por quién lo supiste?
-Por mi amo.
-¿Por D. Pablo de Ribeira?
