La Reina del Pacífico
La Reina del Pacífico "El viento del Norte sólo había llevado hasta las selvas de Darién el eco lejano de los estragos tremendos cometidos por los hombres blancos; pero ninguno de mis parientes había visto la cara de aquellos seres extraordinarios.
-¡Continúa, Yara! -dijo el Corsario, viendo a la joven detenerse.
-Nadie había dado crédito a las palabras de aquellos lejanos compatriotas, porque ninguna de aquellas grandes casas flotantes había nunca sido vista en Darién. La incredulidad de nuestros padres debía ser fatal a un pueblo entero.
"Mi tribu era tan numerosa como las hojas de los árboles del bosque, y vivía feliz en medio de las selvas que bordean el golfo de Darién. La pesca, la caza, y la fruta bastaban a todos, y la guerra era casi desconocida, porque el hombre blanco aún no había aparecido. Mi padre, cacique de la tribu, era amado y estimado por todos, y mis cuatro hermanos no lo eran menos. Un triste día aquella secular felicidad fue bruscamente destrozada para siempre. ¡Había aparecido el hombre blanco!
-¿Y ese hombre se llamaba?...
