La Reina del PacÃfico
La Reina del PacÃfico -¡No, excelencia! -gritó el jorobado-. ¡Os lo juro!
-¡Por cien mil diablos! -exclamó Carmaux.
-¡Este jorobeta me ha tomado por algún gobernador! ¡Excelencia! ¡Oh!
-¡Silencio, hablador! -gruñó el Corsario-. Vamos; ¿adónde ibas?
-¡En busca de un médico señor! -balbuceó el jorobado-. ¡Mi mujer está enferma!
-¡Mira que, si me engañas, te hago colgar del palo mayor de mi nave!
-¡Os juro!. . .
-¡Deja los juramentos, y responde! ¿Conoces a D. Pablo de Ribeira?
-SÃ, señor.
-¿Administrador del duque Wan Guld?
-¿El ex gobernador de Maracaibo?
-SÃ.
-Le conozco personalmente.
-Pues bien; llévame a su presencia.
-Pero..., señor...
-¡Llévame! -gritó amenazadoramente el Corsario-. ¿Dónde vive?
-Aquà cerca, señor... excelencia...
-¡Silencio! ¡Adelante, si estimas tu pellejo!
