La Reina del Pacífico
La Reina del Pacífico -Pero tened en cuenta que...
-Pederéis inútilmente el tiempo, señor de Grammont. Estoy resuelto, y no me detendrá ningún consejo.-Os deseo buena suerte.
-También nosotros os la deseamos dijo Wan Horn-. ¡Dios os aparte de los malos encuentros!
-¡Gracias, amigos! Volveremos a vernos en Veracruz.
Estrecharon por última vez la mano del Corsario, descendieron a su ballenera, y tomaron rápidamente rumbo hacia alta mar.
Casi al mismo tiempo El Rayo se ponía al viento y reanudaba su carrera hacia el Norte.
El Corsario había permanecido apoyado en la borda de babor, y miraba la ballenera, ya casi al costado de la María Ana. Parecía tan pensativo y preocupado, que no había notado la presencia de Yara.
-¿En qué piensa mi señor? -preguntó tímidamente la joven india.
Al oír aquella voz el Corsario se estremeció, y tomando a la joven por un brazo e indicándole la ballenera, le dijo:
-Ésos son los vengadores de tu padre.
-¿Irán también a Veracruz, señor?
-Sí, Yara; y esos hombres son capaces de exterminar a todos los habitantes de Veracruz. ¿No ves aquellos mástiles y entenas?
