La Reina del PacÃfico
La Reina del PacÃfico -¡La muerte tiene miedo de mÃ! -dijo-. ¡Vete!
-¡Temo por ti, señor!
-¡También la flamenca temió por mÃ, y, sin embargo, volvà vivo a bordo de mi nave para abandonarla en el mar Caribe! ¡Pero no es ésta la hora de sentir remordimientos, sino la de batirse! ¡Hombres del mar! -gritó-. ¡Encended los fanales, y preparaos a aniquilar a la nave que nos sigue!
La noche, que era obscurÃsima, permitÃa distinguir un punto luminoso que brillaba sobre la tenebrosa superficie del mar.
El viento habÃa amainado y silbaba débilmente con ciertos extraños gemidos entre los mil cordajes del aparejo.
Los cuarenta hombres que quedaban a bordo de la nave corsaria habÃan ocupado sus puestos de combate.
El Corsario Negro, en pie sobre cubierta, se destacaba extrañamente a la luz de los dos fanales de la popa.
Vestido todo de negro, con aquella larga pluma negra que descendÃa por detrás de su amplio fieltro, tenÃa un aspecto pavoroso.
Guardaba una inmovilidad absoluta; pero no apartaba los ojos del punto luminoso, que seguÃa acercándose.
