La Reina del Pacífico
La Reina del Pacífico El Rayo, que hasta entonces había permanecido casi inmóvil, viró casi en redonda, y se adelantó al encuentro de la nave adversaria corriendo bordada, por tener viento contrario.
El Corsario Negro llevaba el timón y miraba a la nave enemiga, que se acercaba con cierta precaución, pues ya había visto los fanales de El Rayo.
La distancia se acortaba rápidamente. A la una la nave española se encontraba a trescientos pasos, y maniobraba con intento de pasar a estribor de la nave filibustera.
De pronto resonó una voz, conducida en alas del viento, que soplaba del Sur:
-¿Quién vive?
-¡Que nadie conteste! -ordenó el Corsario Negro.
Y tomando el portavoz, gritó con toda la fuerza de sus pulmones:
-¡España!
-¡Deteneos!
-¿Quién sois?
-¡Fragata española!
-¡Acerca! ... -gritó el Corsario.
Los artilleros de las piezas de cubierta se volvieron hacia él, interrogándole con la mirada.
-¡Esperemos! -repuso éste.
