La Reina del Pacífico
La Reina del Pacífico De las escotillas del entrepuente salieron nuevos refuerzos. Los artilleros habían abandonado sus piezas, ya casi inútiles, y corrían para rechazar a los filibusteros de Morgan y el inminente abordaje de El Rayo...
Solamente las piezas de cubierta sonaban sin interrupción barriendo la cubierta de la nave filibustera.
Entre el palo mayor y el trinquete se combatía con furor.
La sangre corría a torrentes, formando junto a las bordas canalillos que por los agujeros desaguaban en el mar, los gemidos de los heridos, los disparos de mosquetes y de pistolas, los ¡hurras! de los filibusteros y los gritos de ¡viva España! de los españoles junto con el atronador estrépito de los cañones, formaban un ensordecedor y horrible estruendo.
Todos los hombres de las chalupas estaban ya en la toldilla de la fragata. Mientras los más valientes trataban de contener a los españoles disputándoles ferozmente el terreno palmo a palmo.
La lucha era, sin embargo, desigual. No obstante el valor desesperado de Morgan y de sus hombres, se vieron obligados a retroceder ante el número, siempre creciente, de sus enemigos.
Un momento de retraso, y estaban perdidos. El Corsario Negro llegó en su socorro.
