La Reina del Pacífico
La Reina del Pacífico El Corsario Negro se había vuelto hacia Yara, la cual parecía que aún trataba de distinguir la nave hundida.
-¿No es terrible todo esto? -le preguntó.
-Sí, mi señor -repuso la joven-. ¡Pero aún no estoy vengada!
-Lo estarás pronto -contestó el Corsario.
El lugarteniente, que estaba cómodamente sentado en el puente viendo al Corsario, se puso en pie, y enseñándole un mapa del golfo.
-¿Dónde debo desembarcaros? -preguntó-. Esta misma noche daremos vista a las costas de México.
-¿Conocéis Veracruz?
-Sí, capitán.
-¿Hay cruceros?
-Me han dicho que toda la costa hasta Tuxpan está vigilada para evitar una posible sorpresa en Jalapa.
-Entonces, ¿un desembarco tendría pocas probabilidades de éxito?
-Decid ninguna, señor. Apenas desembarcado, os prenderían.
-¿Qué me aconsejáis, pues?
-Elegir un lugar desierto, aunque sea lejos de Veracruz, y avanzar después en pequeñas etapas, vestidos de muleteros o de cazadores.
